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viernes, 16 de septiembre de 2011

AL GRAN MAESTRO MARTÍN BLASCKO

El 8 de este último mes de Septiembre murió el Gran Maestro Blascko a quien El duende tuviera la oportunidad de hacerle una entrevista, que publicamos a continuación, junto con la nota que hiciera uno de nuestros colaboradores. Para él a pocos días de su muerte un homenaje.
Martín Blaszko
Importante retrospectiva del maestro Madí
Después de aquella explosión caótica de movimientos vanguardistas acontecida a comienzos del siglo XX –y después de la Segunda Guerra Mundial, quizás el punto histórico más alto de desilusión ante los paradigmas occidentales-, los artistas se vieron obligados a volver al orden, creando nuevas corrientes artísticas con propuestas muy determinadas, por lo general, de corte racionalista. El movimiento Madí –surgido en Argentina, bien entrados los años cuarenta- es uno de esos movimientos que identifican arte y pensamiento, creando magníficas obras de corte racional. Contra el arte naturalista “burgués” –como lo llamaron- y el abstractismo “romántico” o poético, los protagonistas del Grupo Madí, se propusieron obviar cualquier tipo de expresividad, representación o significación y eliminar cualquier forma de idealismo, así como de estaticidad, elementos que caracterizaron el arte de fines del siglo XIX y principios del XX. Tal como expresa el artista checoslovaco-argentino Gyula Kosice en el Manifiesto Madí (1946), “Contra todo ello se alza Madí, confirmando el deseo fijo, absorbente del hombre de inventar y construir objetos dentro de los valores absolutos de lo eterno, junto a la humanidad en su lucha por la construcción de una nueva sociedad sin clases, que libere la energía y domine el espacio y el tiempo en todos sus sentidos y la materia hasta sus ultimas consecuencias”.

Martín Blaszko es uno de esos artistas que se comprometieron con el imperativo de este curioso movimiento. Nacido en Berlín en 1920, hacia los años treinta se alejó con su familia de Alemania para emigrar a Polonia primero, luego a París y, más tarde, en 1939, a Buenos Aires. Allí comenzó a estudiar con Carmelo Arden Quin, adhiriendo luego al Grupo Madí. Tridimensionalidad, juegos de fuerzas, líneas puras, solidez, movimientos articulados, son algunas de las características de sus esculturas; obras que responden a un paradigma de belleza limpia e indiscutible. Sus dibujos responden también a este paradigma estético, aunque con cierta coloración que remite a la abstracción lírica.

La obra de Martín Blaszko permanecerá colgada a modo de retrospectiva en la nueva galería de Laura Haber (Juncal 885) hasta el próximo 4 de junio.
Santiago Federico Richetti



P: Queríamos que nos cuente un poco qué opina usted de la muestra, de tener toda una retrospectiva de su obra acá colgada…

Blaszko: Yo creo que un autor nunca tiene la distancia suficiente para hacer la crítica exacta de su obra. Pero esto no tiene importancia, lo importante es cuáles son las intenciones, los sueños y las inquietudes de los artistas; y mi intención actual es la integración del arte al espacio público, porque yo encuentro un terrible déficit en el desarrollo y en enriquecimiento cultural de las ciudades argentinas. Y no solamente eso, yo veo que hay una manera de destruir lo poco hermoso que existe.

Mira, un ejemplo: en torno al monumento de Alvear, en Palermo, hay unos tremendos cartelones de propaganda; y esto atenta contra la identificación del habitante con su entorno. Esa es mi inquietud principal actual.

P: O sea, un intento de mejora en lo que sería la calidad de vida.

B: Claro, y además políticamente esta negligencia es incorrecta desde el punto de vista de la educación, porque atenta contra la identificación del habitante con su entorno. Y yo veo que la Municipalidad de Buenos Aires está gastando plata para aumentar el caos de tránsito de la ciudad; en vez de concentrar el tráfico en elementos visuales, aumenta ese caos visual. Yo creo que debe ser una cosa de ignorancia.

P: A eso es a lo que podría llamarse “cultura cero”.

B: Claro. Pero bueno, hay algunos intereses comerciales, muchos, que atentan a la contaminación visual. Por ejemplo, hay una indiferencia, porque acá tenemos a la hermana de Constatini, el cual quiere ampliar el museo (MALBA). Hizo una gran creación que enriqueció la Ciudad de Buenos Aires, quiere ampliarla y las autoridades le ponen un obstáculo; eso no se justifica: en Nueva York, cuando ampliaron el MOMA, el gobierno de la ciudad agregó trescientos millones de dólares. Y acá, no agregan nada, dejan sólo al esfuerzo del individuo y, además, le ponen trabas.


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