Hay obras que se disfrutan con una sonrisa casi permanente y que, sin embargo, cuando terminan dejan resonando preguntas incómodas. Siete estaciones para hablar de amor, de Victoria Hladilo, es una de ellas: una comedia deliciosa, de gran frescura, que habla del deseo, las diferencias de clase y la posibilidad de amar por fuera de los lugares que la sociedad asigna.
En el Buenos Aires de comienzos del siglo XX, una pareja de terratenientes recibe en su mundo acomodado a Pablo, un trabajador rural. Lo que empieza como un gesto de aparente generosidad hacia alguien de otra condición social pronto modifica la rutina de ambos. Con sus canciones, sus ocurrencias y una vitalidad que contrasta con la monotonía de la pareja, Pablo se vuelve indispensable.
Entre el trigo y el cemento, entre los privilegios y las carencias, se construye una amistad que lentamente adquiere otra dimensión. El amor aparece entonces como aquello que nadie había previsto y que, justamente por eso, resulta imposible de controlar. La dramaturgia de Hladilo, inspirada en el cuento “Del amor” de Antón Chéjov, desarrolla el conflicto con inteligencia y un humor que nunca oculta la tensión social que atraviesa a los personajes.
Carlos Belloso, Laura Nevole y Manuel Vignau sostienen un triángulo de enorme riqueza. Hay complicidad, deseo, celos, ternura y contradicciones en un vínculo que se transforma frente a nuestros ojos. El trabajo actoral es uno de los grandes aciertos de la puesta y encuentra en la dirección de Hladilo un equilibrio preciso entre comedia y emoción.
La estética contribuye decisivamente a la construcción de ese mundo. La escenografía de Celeste Etcheverry, realizada por Taller Núñez, junto con el vestuario de Gabriella Gerdelics, la iluminación de Ricardo Sica y la música original de Tony Abadi, recrean la época sin caer en una reconstrucción meramente decorativa. Los elementos escénicos funcionan como parte activa de la narración y acompañan el desplazamiento de los personajes desde las convenciones hacia el deseo.
La ambientación sonora de Nicolás Benaghi e Ignacio Viano, el maquillaje de Inés Parriñello y el trabajo visual completan una puesta cuidada en cada detalle. Todo parece responder a una misma premisa: construir un espacio donde lo cotidiano pueda transformarse lentamente en algo inesperado.
Ganadora del Premio Argentores 2023 – Concurso Nacional para Egresados de Carreras de Dramaturgia de Escuelas Públicas, Siete estaciones para hablar de amor confirma la potencia de una dramaturgia que sabe combinar entretenimiento y profundidad.
Una obra cálida, sensual, divertida y conmovedora, que consigue algo nada sencillo: hablar del amor sin solemnidad y de las diferencias sociales sin convertirlas en discurso. Una verdadera delicia teatral que deja, al salir de la sala, la sensación de haber asistido a una historia sencilla y, al mismo tiempo, profundamente reveladora.


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